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martes, 13 de enero de 2026

CORRALONES DEL HORROR EN EL ORIENTE DEL EDOMEX: EXTORSIÓN, ROBO Y COMPLICIDAD OFICIAL DESATAN PROTESTA MASIVA DE TRANSPORTISTAS

 

*El negocio del despojo: policías, ministerios públicos y corralones operan una red de extorsión con protección oficial en el oriente del Edomex, según afectados

 

Por EXPEDIENTE SECRETO

 



LOS REYES LA PAZ, Estado de México, 13 de enero de 2026.— La movilización de transportistas que colapsó este martes las principales vialidades del oriente del Estado de México no fue un acto espontáneo ni una protesta aislada: fue el estallido de un hartazgo acumulado por años de abusos, extorsiones y robos sistemáticos operados, según denuncias directas, desde una red de corrupción donde confluyen policías estatales y municipales, agentes del Ministerio Público y empresas concesionadas de grúas y corralones.

 

Los transportistas aseguran que su patrimonio ha sido erosionado no solo por la delincuencia común —robos de autopartes, asaltos a pasajeros y atracos a operadores— sino por un esquema institucionalizado de saqueo que utiliza la ley como herramienta de despojo. La acusación es contundente: los corralones se han convertido en centros de robo legalizado bajo la protección del Estado.

 

De acuerdo con los testimonios recabados, es una práctica recurrente que vehículos asegurados terminen desaparecidos dentro de los propios depósitos. En casos extremos, aun después de pagar multas y supuestos adeudos, los propietarios descubren que sus unidades ya fueron vendidas de manera ilegal por el personal del corralón.

 

A ello se suman cobros arbitrarios y desproporcionados. Transportistas denuncian que elementos de la policía estatal, un sin tener atribuciones, buscan cualquier pretexto para remitir unidades a depósitos donde se cobran hasta 6 mil pesos por un solo día de estancia, cantidades imposibles de cubrir para quienes viven al día.

 

El presunto modus operandi incluye la fabricación de delitos. Según las denuncias, policías y agentes del Ministerio Público imputan cargos falsos como “ataques a las vías de comunicación” para mantener detenidos a los operadores hasta por 48 horas. Al recuperar la libertad, el castigo continúa: en los corralones se les exigen pagos que alcanzan los 15 mil pesos o más para liberar su herramienta de trabajo.

 

La protesta inició alrededor de las 9:00 de la mañana y provocó cierres totales y parciales en la Carretera Chalco-Cuautla, la Autopista México-Puebla, el Circuito Exterior Mexiquense a la altura de Nezahualcóyotl, Calzada Ignacio Zaragoza en Santa Martha Acatitla, Avenida Bordo de Xochiaca en los límites de Nezahualcóyotl y Chimalhuacán, así como el acceso al Circuito Exterior Mexiquense por el cruce con avenida Vicente Villada.

 

Para los líderes transportistas, el bloqueo fue el último recurso ante la indiferencia sistemática de las autoridades de seguridad y del gobierno del Estado de México. Cerca de las 11:00 horas, los manifestantes levantaron las movilizaciones tras alcanzar un acuerdo preliminar con autoridades estatales, quienes reconocieron —aunque sin consecuencias visibles— que muchos corralones continúan extorsionando a la ciudadanía en complicidad con policías estatales, municipales y agentes del Ministerio Público.

 

Uno de los casos más señalados es el del corralón “Grúas Castillo”, ubicado en los límites de Los Reyes La Paz y la Ciudad de México, propiedad de Arturo Castillo, representante del Corporativo de Servicios y Comercializadora Moctezuma S.A. de R.L..

 

Transportistas y víctimas aseguran que el empresario presume públicamente ser amigo personal de la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, jactándose de que, por esa relación, “puede hacer lo que quiera” sin enfrentar consecuencias legales.

 

El caso de Gabriela Adriana Vega Torres expone con crudeza la profundidad de este entramado. En agosto de 2022, su esposo, Adán Santos Cuevas, fue asesinado, hecho asentado en la carpeta de investigación NUC NEZ/NEZ/NZ3/062/222569/22/08. El vehículo donde ocurrió el homicidio —un Volkswagen Beetle azul, modelo 2010, placas V05AZV, valuado en 140 mil pesos— fue asegurado por la Fiscalía Especializada de Homicidios Zona Oriente.

 

Lo que debía ser evidencia clave para esclarecer el asesinato, terminó convertido en botín. El automóvil fue trasladado al corralón Grúas Castillo, donde, pese a oficios oficiales como el 2133F000/73/2025, firmado por el agente del Ministerio Público Miguel Ángel Roa Salazar, a Gabriela se le intento extorsionar con una exigencia de más de 100 mil pesos por “gastos” inexistentes. Luego, la respuesta del dueño fue brutal: “¿De verdad le conviene recuperar su coche? Mejor cómprese otro”.

 

En septiembre de 2025, un trabajador del propio corralón confirmó lo impensable: el vehículo había sido vendido desde finales de 2024. La verificación oficial del número de serie 3VWKV21C1AM002737 reveló que el coche fue reemplacado como LHB-63-8B, repintado de amarillo y hoy es conducido presuntamente por un familiar del propio dueño del corralón.

 

La evidencia de un homicidio fue robada, alterada y revendida con lo que las víctimas califican como complicidad directa de la Fiscalía, la Secretaría de Movilidad y el gobierno estatal.

 

Otro episodio, ocurrido el 29 de octubre de 2025, refuerza el patrón. Un conductor de un camión tipo torton, averiado en la vía pública, fue detenido por policías municipales de la patrulla SP-284, en el municipio gobernado por la alcaldesa morenista Martha Guerrero. Tras ser presentado ante un juez cívico y multado con 4 mil 394 pesos, su unidad fue enviada al corralón Moctezuma, mejor conocido como: “Corralón Castillo”, donde le exigieron un pago total de 69 mil 209 pesos.

El desglose resulta escandaloso:
– Servicio de grúa: 14,211 pesos
– Abanderamiento: 7,800 pesos
– Tiempo en espera: 4,545 pesos
– Piso: 3,255 pesos
– Maniobras de salvamento: 21,452 pesos
– Servicio de grúa tipo B (dos unidades): 8,800 pesos
Subtotal: 59,663 pesos
IVA: 9,546 pesos
Total exigido: 69,209 pesos

Para los transportistas, estos hechos no son excepciones, sino la regla. Un sistema donde la ley dejó de proteger y pasó a extorsionar; donde la justicia se vende, la evidencia se roba y la impunidad se administra desde oficinas públicas. Mientras tanto, en el oriente del Estado de México, los corralones siguen operando como cajas negras del despojo, bajo la mirada complaciente —o cómplice— del poder.

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