FALSOS POLICÍAS, CRÍMENES REALES: LA PODREDUMBRE QUE
DESNUDA A LA FISCALÍA DEL EDOMEX
*La farsa del uniforme: corrupción interna permitió que el
crimen operara desde la propia Fiscalía
Por: EXPEDIENTE SECRETO
TOLUCA, Estado de México, 6 de febrero de 2026.— La detención
de 21 personas que se hacían pasar por Policías de Investigación, vinculadas
con homicidios, extorsiones y robos de vehículos, exhibe no solo la audacia del
crimen organizado, sino la profunda descomposición que carcome a la Fiscalía
General de Justicia del Estado de México (FGJEM).
De acuerdo con la propia Fiscalía, los detenidos operaban con
armas de fuego, narcóticos, insignias falsas y vehículos rotulados para simular
pertenecer a corporaciones de seguridad de los tres órdenes de gobierno. Con
esa fachada sembraron terror, despojaron patrimonios y arrebataron vidas en
distintas regiones del Edomex, aprovechándose de la confianza —y del miedo— que
inspira una placa oficial.
Las capturas, resultado de denuncias ciudadanas y
publicaciones que evidenciaban conductas criminales, derivaron en un escándalo
mayor: 110 expedientes abiertos, entre investigaciones de oficio y denuncias
formales. En ellos aparecen señalados 39 servidores públicos de la propia
Fiscalía y al menos ocho policías de investigación con probable participación
directa en delitos como extorsión y usurpación de funciones públicas.
Aunque la FGJEM presume acciones penales contra algunos
implicados y procedimientos administrativos contra otros, la magnitud del caso
deja claro que no se trata de hechos aislados ni de “manzanas podridas”. El
problema es estructural. Durante años, estas redes operaron con total
impunidad, bajo la mirada —cuando no la protección— de mandos regionales que
hoy siguen intocados.
El fiscal general, José Luis Cervantes Martínez, sabe que la
corrupción no se gesta en la calle, sino en las oficinas donde se toleran
abusos, se archivan denuncias y se reparten favores. Sin una depuración real de
los fiscales regionales y de los mandos medios, cualquier detención será apenas
un gesto cosmético: se corta la rama, pero se deja intacta la raíz.
La captura de falsos policías puede venderse como un avance,
pero para la ciudadanía es apenas una confirmación de lo que ya sabía: que el
uniforme se ha usado como licencia para delinquir y que la justicia, en el
Estado de México, sigue secuestrada por la corrupción. Si no hay una limpia
profunda y pública, la Fiscalía seguirá siendo parte del problema y no de la
solución.








