EJECUCIONES A METROS DEL PODER: LA PAZ SE HUNDE EN
LA VIOLENCIA SIN CONTROL
Por: EXPEDIENTE SECRETO
LOS REYES LA PAZ, Estado de México, 7 de abril de 2026.- La
violencia volvió a desbordarse en el municipio, y lo hizo de la forma más
cruda: con sangre derramada a plena vista del poder local. La noche del lunes 6
de abril, dos personas fueron ejecutadas afuera del bar “El Club”, ubicado
sobre avenida del Trabajo, casi esquina con Ignacio Aldama, en plena cabecera
municipal.
El dato no es menor ni casual. El ataque ocurrió a escasos
cien metros del palacio municipal, en una zona que debería ser considerada de
alta vigilancia, no sólo por la cercanía con la sede del gobierno local, sino
porque en ese punto también se encuentran celdas de detención y presencia
permanente de elementos policiacos.
Nada de eso importó. Ni la proximidad del poder, ni la
supuesta vigilancia, ni la presencia policial evitaron que las víctimas
quedaran tendidas sobre la banqueta, en una escena que refleja el grado de
descomposición que enfrenta el municipio gobernado por Martha Guerrero Sánchez
y operado políticamente por su esposo, Tranquilino Lagos Buenabad.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, el doble homicidio se
suma a una cadena de episodios violentos que han convertido a Los Reyes La Paz
en un foco rojo dentro del Estado de México. La constante es la misma:
ejecuciones a plena luz del día o en zonas céntricas, sin que exista una
respuesta efectiva por parte de las autoridades.
Ante este panorama, crecen las voces que exigen la
intervención del gobierno federal. Habitantes, organizaciones y diversos
sectores coinciden en un punto: la administración municipal ha sido rebasada
por la delincuencia.
Las advertencias no son nuevas. Desde el inicio del actual
gobierno, investigaciones periodísticas señalaron presuntos vínculos entre
mandos de seguridad y grupos del crimen organizado. En particular, ha sido
cuestionado el papel de Isaías Ramírez Real, señalado por presuntas conexiones
con estructuras delictivas. A pesar de ello, las autoridades locales han optado
por el silencio.
A este escenario se suma el desempeño del comisario de
seguridad pública, Eduardo Fouilloux Bataller, cuya gestión ha sido ampliamente
criticada. Su paso previo por el municipio de Ixtapaluca dejó antecedentes de
violencia y cuestionamientos sobre su capacidad operativa, lo que hoy se
refleja en un municipio que parece sin control.
Pero el problema no se limita a la reacción institucional.
Diversas denuncias apuntan a una permisividad sistemática por parte del
gobierno municipal en la proliferación de centros nocturnos, señalados como
puntos de operación del crimen organizado.
De acuerdo con versiones recogidas en la zona, en estos
establecimientos no sólo se fomenta el consumo desmedido de alcohol, sino
también la prostitución y la venta de drogas como cocaína y cristal.
Trabajadores de estos lugares —meseros en su mayoría— serían obligados a
distribuir estupefacientes, en un esquema que fortalece las estructuras criminales
y agrava la violencia.
Este contexto ayuda a explicar la brutalidad de los hechos
recientes. Las ejecuciones, lejos de ser eventos aislados, responden a disputas
por el control de territorios y actividades ilícitas que se desarrollan,
prácticamente, con tolerancia institucional.
La consecuencia es evidente: calles convertidas en escenarios
de muerte, ciudadanos atrapados en el miedo y un gobierno que no logra —o no
quiere— recuperar el control.
Mientras tanto, en Los Reyes La Paz, la sangre sigue corriendo.
Y cada nuevo asesinato no sólo suma a la estadística, sino que profundiza la
percepción de abandono y la certeza de que, en este municipio, la autoridad ha
dejado de ser garantía de seguridad para convertirse en espectadora de la
violencia.
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