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viernes, 7 de agosto de 2026

DEFENSA DE LA SOBERANÍA NACIONAL: CUANDO EL PATRIOTISMO

 SE CONVIRTIÓ EN BOTÍN POLÍTICO

 

* Las asambleas convocadas para respaldar la soberanía nacional terminaron convertidas, en una disputa entre los grupos de Higinio Martínez y Horacio Duarte por el control territorial y rumbo a la sucesión mexiquense de 2029

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 


CHIMALHUACÁN, Estado de México, 6 de agosto de 2026.- La defensa de la soberanía nacional terminó secuestrada por la política doméstica. Lo que fue presentado como un llamado a cerrar filas en torno al Estado mexicano frente a presiones externas, terminó convertido, al menos en el Estado de México, en un escaparate para medir fuerzas, presumir estructuras de movilización y disputar el control político de Morena rumbo a la sucesión de 2029.

 

Hace aproximadamente tres meses, en medio de un contexto de alta tensión política derivado de señalamientos y controversias públicas que involucran a personajes, en el que el gobierno de Estados Unidos, pidió la detención con fines de extradición del gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza Cázarez, así como de otros funcionarios públicos del mismo gobierno por vínculos con el crimen organizado.

 

Morena respondió convocando a una serie de asambleas para la defensa de la soberanía nacional. La convocatoria encontró respaldo en el discurso de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, quien desde la conferencia matutina fijó una postura institucional resumida en dos frases que rápidamente se convirtieron en lema: "Colaboración sí, subordinación no" y "A México se le respeta".

 

La idea, al menos en el discurso, era convocar a los mexicanos a cerrar filas frente a cualquier intento de injerencia extranjera. Sin embargo, conforme avanzaron las semanas, el concepto mismo de soberanía comenzó a diluirse entre discursos improvisados, mensajes desarticulados y una narrativa donde muchos de los oradores terminaron hablando más de programas sociales y transferencias económicas que del significado jurídico, político e histórico de la soberanía nacional.

 

Presidentes municipales, gobernadores, senadores, diputados, funcionarios y representantes de los tres poderes desfilaron por los templetes. La mayoría repitió consignas sin profundizar en el tema de fondo. Para muchos asistentes, la defensa de la soberanía terminó reducida a la defensa de los programas sociales, una interpretación políticamente rentable, pero conceptualmente pobre.

 

Durante abril y mayo, las asambleas todavía mostraban una imagen de unidad. Morena, el Partido Verde y el Partido del Trabajo aparecían juntos. Todos movilizaban gente. Todos “llenaban plazas”. Todos compartían escenario.

 

PERO LA FOTOGRAFÍA COMENZÓ A CAMBIAR

 

En junio, julio y ahora agosto, particularmente en la región oriente del Estado de México, aquellas concentraciones dejaron de ser un acto de unidad nacional para convertirse en una competencia entre las distintas corrientes internas de Morena.

 

Hoy ya no aparecen todos los aliados. Tampoco todas las expresiones del partido. En cada municipio participa únicamente el grupo político que controla el gobierno local y, con él, la estructura administrativa y territorial capaz de movilizar miles de personas.

 

La soberanía nacional quedó relegada. Lo que realmente comenzó a defenderse fue el territorio político.

 

Ahí aparece uno de los principales protagonistas de esta historia: el senador Higinio Martínez Miranda.

 

Su organización política, Mexiquenses de Corazón, mantiene influencia directa en administraciones municipales estratégicas como La Paz, Ecatepec, Texcoco, Chimalhuacán e Ixtapaluca, además de conservar poca presencia en Chalco y ampliar su radio de acción en Nezahualcóyotl mediante la incorporación de nuevos liderazgos políticos emanadas del PRI.

 

En el otro extremo se encuentra el bloque identificado con el secretario general de Gobierno del Estado de México, Horacio Duarte Olivares, a través de las estructuras Somos Pueblo y Orgullo Mexiquense, con presencia principalmente en Valle de Chalco, Chicoloapan y algunos sectores de Nezahualcóyotl.

 

Las concentraciones ya no parecen diseñadas para respaldar a la presidenta Sheinbaum ni para fortalecer el concepto de soberanía nacional. Parecen, más bien, un ejercicio permanente para marcar territorio entre dos proyectos políticos que entienden perfectamente que la elección de 2029 comienza mucho antes del arranque oficial de las campañas.

 

Quienes sostienen que estas movilizaciones representan una nueva forma de hacer política olvidan la historia reciente del Estado de México.

 

El viejo PRI perfeccionó durante décadas el acarreo utilizando recursos públicos y estructuras gubernamentales. Antorcha Campesina organizó concentraciones multitudinarias en Chimalhuacán e Ixtapaluca para recibir a dirigentes nacionales desconocidos para la mayoría de los asistentes, pero vitoreados como si fueran figuras históricas. Las visitas de gobernadores priistas también llenaban plazas con beneficiarios de programas sociales, trabajadores municipales y operadores políticos.

 

HOY, LA DIFERENCIA ES ÚNICAMENTE EL COLOR DE LAS CAMISETAS

 

La importancia estratégica de esta disputa no es menor. El grupo político de Higinio Martínez Miranda gobierna directamente seis de los diez municipios incorporados al Plan Integral para la Zona Oriente, una región que concentra más de 5.2 millones de habitantes, equivalentes aproximadamente al 67 por ciento de la población total de esos municipios.

 

Del otro lado, el grupo de Horacio Duarte Olivares mantiene influencia directa en apenas dos municipios, con poco más de 600 mil habitantes, alrededor del 8 por ciento de la población considerada dentro del mismo universo.

 

Los casos de Nezahualcóyotl, gobernado por Adolfo Cerqueda Rebollo, y Tlalnepantla, encabezado por Raciel Pérez Cruz, mantienen dinámicas propias y podrían inclinar la balanza hacia cualquiera de los dos bloques cuando llegue el momento de definir respaldos.

 

LAS CIFRAS EXPLICAN BUENA PARTE DE LA BATALLA

 

De mantenerse esa correlación política, el grupo encabezado por Higinio Martínez tendría influencia sobre un padrón superior a 1.5 millones de electores potenciales, una cantidad cercana al 40 por ciento de los votos que históricamente podrían resultar necesarios para ganar la gubernatura mexiquense.

 

No resulta extraño, entonces, que cada asamblea se convierta en una demostración de fuerza.

 

En ese contexto, el Plan Integral para la Zona Oriente también adquiere una dimensión política. Aunque los recursos públicos son ejercidos por distintos órdenes de gobierno, los municipios beneficiados representan el principal bastión electoral del Estado de México y, por ello, cualquier liderazgo con presencia territorial busca capitalizar políticamente su impacto.

 

La pregunta inevitable es si las asambleas siguen defendiendo la soberanía nacional o si terminaron convertidas en plataformas para la promoción de liderazgos internos.

 

Porque mientras los discursos hablan de patriotismo, las estructuras cuentan asistentes, los operadores contabilizan municipios, los liderazgos miden territorios y las corrientes internas afinan estrategias para la verdadera disputa: la candidatura de Morena a la gubernatura del Estado de México en 2029.

 

Al final, la soberanía permanece como el argumento oficial. Pero el espectáculo político parece contar otra historia: la de una competencia interna donde el objetivo ya no es defender a México frente a amenazas externas, sino conquistar, conservar o ampliar parcelas de poder dentro del propio movimiento gobernante.

 

Cuando una bandera nacional termina utilizándose para medir quién llena más plazas y quién controla más municipios, deja de ser una causa colectiva para convertirse en un instrumento de estrategia electoral. Y quizá ahí radique la mayor paradoja: mientras el discurso habla de defender la soberanía del país, la verdadera batalla parece librarse por la soberanía de los grupos políticos sobre el territorio mexiquense.

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