lunes, 19 de enero de 2026

 LA REFORMA ELECTORAL DE SHEINBAUM FRACTURA A LA

 4T Y DESATA EL CHANTAJE DE SUS ALIADOS

 

*PT y PVEM se rebelan, exigen gubernaturas y exhiben la debilidad de Morena para imponer cambios constitucionales

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO




TOLUCA. Estado de México, 19 de enero de 2026.- La rebelión en la granja legislativa de la llamada 4T exhibe una verdad incómoda para el oficialismo: el poder de Morena es amplio, pero no absoluto, y su pretendida disciplina política se diluye cuando los aliados dejan de sentirse convidados. El rechazo abierto del PT y del PVEM a la reforma electoral impulsada desde Palacio Nacional no es un accidente ni un malentendido: es el resultado de una lógica de imposición que ha sustituido al diálogo y el consenso por el “pastoreó” legislativo y la negociación en lo oscurito.

 

La presidenta Sheinbaum, lejos de construir acuerdos previos, optó por enviar a sus operadores de Gobernación y a los líderes parlamentarios de Morena a apagar el incendio que ella misma provocó. El problema es de origen: una reforma constitucional de alto calado, diseñada por una comisión presidencial encabezada por Pablo Gómez, que nunca consultó ni tomó en cuenta a los partidos aliados de la 4T, y mucho menos a los de oposición, pese a que, sin sus aliados, la iniciativa está condenada a nacer muerta. Morena, por sí solo, no tiene la mayoría calificada y hoy paga el costo de su soberbia política.

 

El caso del PVEM es especialmente revelador. El rechazo frontal de su senador Adán Augusto López como interlocutor no sólo es un desaire personal, sino una señal clara de que el Verde se niega a seguir siendo tratado como fuerza subordinada. Las declaraciones de Luis Armando Melgar, senador del Verde, dejan ver un hartazgo profundo: aliados en campaña, pero ignorados en las decisiones; útiles para sumar votos, pero relegados cuando se reparte el poder real. Esa fractura no es menor y marca un precedente peligroso para la estabilidad de la coalición oficialista.

 

Mientras tanto, el PT y el Verde hacen lo que Morena les enseñó a hacer: convertir el poder legislativo en moneda de cambio. Las “condiciones” que se filtran desde las mesas de negociación —gubernaturas, candidaturas estratégicas y concesiones políticas de alto costo— confirman que la reforma electoral no se discute por convicción democrática, sino como parte de un vulgar regateo. Cinco gubernaturas a cambio de una reforma que ni es urgente ni necesaria es un precio político desproporcionado, que desnuda el verdadero interés detrás del proyecto.

 

La paradoja es brutal: el oficialismo ya controla el Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial y tiene mayorías cómodas en los órganos electorales. El INE y el Tribunal Electoral federal, que difícilmente se enfrentes hoy con un contrapeso real. ¿Para qué, entonces, una reforma electoral? La respuesta parece menos institucional y más obsesiva: reconfigurar las reglas aun cuando el tablero ya está inclinado a favor de Morena, aunque eso implique dinamitar la alianza que los llevó al poder.

 

Todo esto ocurre, además, en un contexto internacional adverso, con presiones crecientes desde Estados Unidos y amenazas reales a la soberanía nacional. Pero mientras el mundo arde, la presidenta prefiere verse al espejo y agitar el avispero interno, enfrentándose con sus propios aliados por una iniciativa que no logra ni siquiera el consenso del bloque gobernante. La 4T, que prometió una nueva forma de hacer política, hoy revive las peores prácticas del viejo régimen: chantaje, cuotas y negociaciones de sangre. Y como bien lo entienden el Verde y el PT, en esta historia, quien quiera miel, tendrá que pagarla muy cara.

 

A propósito de Pablo Gómez, no son pocas las voces importantes, dentro de la 4T, empezando por las de diputados y senadores de la cúpula, que lo culpan del mal ambiente que ha generado la reforma electoral, además de la rebelión de los partidos aliados, porque “su carácter soberbio y altanero”, dicen los mismos morenistas, no ayudó mucho a que se socializara y se incluyera a un sector más amplio en las consultas y discusiones sobre el contenido de dicha reforma.

 

El estilo que con los años ha desarrollado Gómez, uno de los primeros beneficiarios de la apertura política y democrática hacia las minorías, prepotente, soberbio y altanero, no le sirvió de mucho a la presidenta al designarlo como el titular de su comisión que se encargaría de reunir y redactar las propuestas de cambio al sistema electoral.

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