miércoles, 14 de enero de 2026

AULAS PARA LA FOTO, AGUA SECUESTRADA PARA EL NEGOCIO:

 EL VERDADERO PODER EN LA PAZ

 

* El negocio del agua, la omisión del gobierno y el silencio que ahoga a La Paz

 

Por: EXPEDIENTE SECRETO

 



LOS REYES LA PAZ, Estado de México, 14 de enero de 2026.— Mientras la presidenta municipal Martha Guerrero Sánchez encabeza actos públicos para presumir la entrega de un aula escolar como ejemplo de “austeridad” y buen gobierno, en el municipio se consolida una realidad mucho más grave: el agua, derecho humano básico, permanece bajo un presunto control criminal con la tolerancia y la complicidad del poder político local.

 

Para escuelas públicas y miles de familias, la propaganda oficial contrasta brutalmente con la vida diaria. Planteles educativos que no reciben agua por la red municipal se ven obligados a comprar pipas hasta en 1,700 pesos para poder operar, mientras el Ayuntamiento guarda silencio y evade cualquier explicación seria.

 

La desesperación social crece ante los señalamientos directos de líderes comunitarios y operadores del reparto de agua, quienes, bajo reserva de identidad por temor a represalias— aseguran que la alcaldesa Martha Guerrero y su esposo, Tranquilino Lagos Buenabad, mantienen un pacto político y económico con Héctor Becerril, identificado por diversas fuentes locales como quien habría asumido el control del grupo criminal conocido como Sindicato 22 de Octubre, tras la detención de “El Jimmy”.

 

Según estos testimonios, el saqueo del agua es sistemático: de cada pozo se extraen alrededor de cien pipas diarias durante la madrugada, mismas que no se distribuyen a la población, sino que son apartadas para su venta, convirtiendo el desabasto en un negocio multimillonario sostenido por la omisión deliberada del gobierno municipal.

 

La pregunta es inevitable y cada vez más incómoda: ¿por qué el Ayuntamiento no interviene, no clausura, no investiga y no denuncia?
Para vecinos y directivos escolares, la respuesta es clara: porque el control del agua se ha convertido en un botín político y económico, útil para someter colonias enteras, castigar disidencias y administrar la escasez como herramienta de poder.

 

Habitantes de las zonas altas, las más golpeadas por la falta de agua, aseguran que el problema podría aliviarse de inmediato si el gobierno municipal rompiera los presuntos acuerdos que mantiene con estas redes. Sin embargo, lejos de hacerlo, la alcaldesa opta por culpar al crecimiento urbano y pedirle a la ciudadanía que “impida” la expansión de colonias, lavándose las manos de una responsabilidad que es exclusivamente institucional.

 

En este escenario, la entrega de un aula no es un logro: es una distracción. Una cortina de humo frente a un sistema que permite que escuelas públicas compren agua como si fuera un lujo, mientras funcionarios presumen “ahorros” y administran ceremonias.

 

Hoy, la exigencia social va más allá de obras aisladas: La Paz demanda respuestas, nombres, investigaciones y consecuencias. Y la pregunta que retumba en colonias, escuelas y calles sigue sin respuesta oficial:

 

¿Cuánto dinero reciben mensualmente Martha Guerrero Sánchez y Tranquilino Lagos Buenabad por permitir que el agua de La Paz siga en manos de un presunto grupo criminal?

 

Mientras esa duda no sea aclarada con transparencia y acciones reales, cualquier discurso de austeridad no será más que propaganda construida sobre la sed de la población.

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