HIGINIO MARTÍNEZ: EL CACIQUE QUE QUIERE EL SENADO PARA
IR POR EL EDOMEX EN 2029
*El texcocano busca afanosamente la Mesa Directiva del Senado
como plataforma de poder y pretende conservar el control de una estructura
política que alcanza municipios estratégicos. La elección de 2027 será su
prueba de fuerza y, al mismo tiempo, la primera guerra encarnizada por la
sucesión mexiquense
Por: EXPEDIENTES SECRETOS
Su eventual llegada a la presidencia de la Mesa Directiva del
Senado tampoco sería una simple aspiración parlamentaria. Para el grupo
político que encabeza, significaría una plataforma de poder nacional, mayor exposición
pública, interlocución directa con las más altas esferas del gobierno federal
y, sobre todo, una herramienta para demostrar que Higinio Martínez todavía
tiene capacidad para negociar, presionar y mover piezas dentro de Morena.
Y AHÍ COMIENZA EL PROBLEMA
Porque el senador no llega a esta disputa con las manos
vacías. Durante años construyó una estructura política alrededor de Mexiquenses
de Corazón, organización desde la cual ha acumulado candidaturas, posiciones
legislativas, alcaldías, operadores y lealtades políticas.
Su verdadero examen, sin embargo, será la elección intermedia
de 2027.
Higinio necesita conservar municipios, ampliar posiciones
legislativas y demostrar que su grupo continúa teniendo músculo electoral. Si
lo consigue, llegará a 2029 con argumentos para reclamar una candidatura y,
eventualmente, disputar nuevamente la conducción política del Estado de México.
En otras palabras: no parece estar preparando una salida digna
de la política; está preparando su regreso por la puerta grande.
LA MESA DIRECTIVA COMO TRAMPOLÍN
La pretensión de presidir la Mesa Directiva del Senado
adquiere otra dimensión cuando se observa desde la sucesión mexiquense.
El cargo le permitiría incrementar su interlocución política,
tener exposición cotidiana en la agenda nacional y ocupar una posición
institucional privilegiada para proyectar su figura.
Si logra llegar, podrá presentar el ascenso como el
reconocimiento a una trayectoria de décadas.
Pero también significaría algo más: una demostración de fuerza
de Mexiquenses de Corazón.
Porque desde esa posición podría intentar reorganizar su
estructura política en el Estado de México, fortalecer a sus operadores,
negociar candidaturas y llegar a la elección de 2027 con mayor capacidad de
presión.
Y eso, inevitablemente, colocaría a la gobernadora Delfina
Gómez Álvarez y al secretario general de gobierno, Horacio Duarte, ante un
escenario muy incómodo.
Higinio podría seguir presentándose como aliado de la llamada
Cuarta Transformación, pero al mismo tiempo convertirse en uno de sus
principales factores de presión interna. El verdadero adversario no tendría que
estar afuera. Podría estar sentado en la misma mesa.
SHEINBAUM Y MORENA, ANTE EL DILEMA HIGINIO
El escenario tampoco resulta sencillo para la dirigencia
nacional de Morena.
Si desde Palacio Nacional se decide cerrar el paso a Higinio
Martínez, aunque formalmente sean los senadores quienes determinen la
integración de la Mesa Directiva, el mensaje político sería difícil de ocultar:
el grupo gobernante habría decidido contener al viejo operador mexiquense.
Eso podría generar inconformidad entre sus operadores y aliados.
Pero existe el otro escenario. Si Higinio consigue la presidencia, el resultado
sería precisamente el contrario: saldría fortalecido.
Y un Higinio fortalecido no sólo tendría que administrar una
responsabilidad parlamentaria. Tendría que demostrar, en los hechos, que
todavía puede disputar espacios, candidaturas y posiciones dentro de Morena en
el Estado de México.
Ahí está el dilema que el propio senador ha colocado sobre la
mesa: si le dan poder, lo fortalecen; si se lo niegan, lo enfrentan. Y en ambos
casos, el conflicto puede trasladarse a 2027.
EL PODER MUNICIPAL, LA VERDADERA RESERVA DEL CACIQUE
Pero la fuerza de Higinio Martínez no se encuentra únicamente
en el Senado. Su verdadera reserva de poder está en el territorio.
De acuerdo con los señalamientos que acompañan este análisis, Mexiquenses
de Corazón mantiene influencia política en administraciones municipales
estratégicas como La Paz, Ecatepec, Texcoco, Chimalhuacán e Ixtapaluca, además
de una red de legisladores y operadores que durante años han respondido a los
intereses del grupo. Ese entramado representa mucho más que votos.
Representa capacidad de movilización, negociación, colocación
de cuadros y, fundamentalmente, influencia sobre presupuestos públicos
municipales.
Bajo esa lógica, se ha señalado que el control político de
esas administraciones podría involucrar recursos públicos que, en conjunto,
rondarían los 15 mil millones de pesos, sin considerar los recursos adicionales
que pudieran canalizarse a través de las obras y programas contemplados en el Plan
Integral para la Zona Oriente. La influencia política sobre esos municipios. Representa
un enorme monto de dinero que Martínez Miranda no está dispuesto a perder.
Quince mil millones de pesos representan una capacidad
presupuestal que puede convertir a una estructura política en un actor con
enorme capacidad de operación territorial.
Por eso, la elección de 2027 adquiere una importancia
extraordinaria para el texcocano.
Perder municipios significaría perder estructura. Perder
estructura significaría perder capacidad de negociación. Y perder capacidad de
negociación podría poner en riesgo su proyecto rumbo a 2029.
EL PRECIO DE PERDER
Ésa sería la razón por la que la elección intermedia podría
convertirse en una auténtica batalla campal para Higinio Martínez.
No solamente estará en juego cuántas alcaldías conserva
Morena. Estará en juego cuántas alcaldías conserva su grupo.
Porque una cosa es que Morena gane una elección y otra muy
distinta que el triunfo termine fortaleciendo a un grupo político diferente al
suyo.
Higinio necesita que sus aliados permanezcan en posiciones
estratégicas. Necesita legisladores cercanos. Necesita operadores. Necesita
municipios desde los cuales pueda mantener presencia territorial. Y necesita,
sobre todo, demostrar que su estructura sigue siendo indispensable.
Por eso sus movimientos actuales pueden leerse como una preparación
para la batalla que viene.
EL MORENISTA QUE APRENDIÓ DEL VIEJO PRI
La paradoja política es evidente. Higinio Martínez pertenece a
un movimiento que llegó al poder denunciando precisamente las prácticas de los
viejos regímenes: el control de estructuras, los cacicazgos, la concentración
de decisiones, el reparto de candidaturas y la utilización de posiciones
políticas como instrumentos de negociación.
Sin embargo, sus críticos sostienen que su manera de operar
recuerda precisamente a aquello que Morena prometió desterrar.
Un viejo estilo de hacer política dentro de un partido que se
presentó como la transformación de ese viejo sistema. El problema no sería
aspirar a una posición.
El problema sería convertir las posiciones públicas, las
alcaldías, las estructuras electorales y los recursos presupuestales en piezas
de una estrategia personal de acumulación de poder.
Y ahí aparece una pregunta inevitable: ¿Dónde quedó la bandera
de “primero los pobres” cuando la prioridad política parece ser conservar el
control de municipios y estructuras de poder?
Porque mientras millones de mexiquenses enfrentan problemas de
seguridad, agua, servicios públicos, movilidad, infraestructura y pobreza, la
clase política continúa disputándose posiciones.
EL CACIQUE NO QUIERE SOLTAR EL CONTROL
Higinio Martínez lleva décadas en la política mexiquense. Conoce
el territorio. Conoce los mecanismos internos de los partidos. Conoce a los
operadores. Conoce a los alcaldes. Conoce a los legisladores. Y, sobre todo,
conoce el valor político de controlar una estructura territorial.
Por eso sería ingenuo interpretar su aspiración a la Mesa
Directiva del Senado como un asunto meramente protocolario.
El cargo puede convertirse en el siguiente escalón de una
estrategia mucho más ambiciosa.
La apuesta sería clara: fortalecer su posición nacional,
conservar su estructura mexiquense en 2027 y llegar a 2029 con suficiente
fuerza para reclamar la candidatura al gobierno estatal.
El problema para Morena es que ese proyecto necesariamente
choca con otros proyectos. Y el principal afectado podría ser el propio grupo
gobernante en el Estado de México.
Porque si Higinio conserva municipios, legisladores y
operadores; si consigue la Mesa Directiva del Senado; si aumenta su presencia
nacional y si logra sobrevivir políticamente a la elección de 2027, entonces ya
no será solamente un senador con aspiraciones. Será un competidor directo por
el poder mexiquense.
2027 SERÁ EL VEREDICTO
La elección de 2027 será, por eso, mucho más que una elección
intermedia. Será el primer referéndum sobre la verdadera fuerza de Higinio
Martínez.
Si conserva su territorio, podrá argumentar que sigue vivo
políticamente. Si amplía posiciones, podrá negociar desde una posición de
fuerza. Si obtiene la Mesa Directiva del Senado, tendrá una plataforma
nacional.
Y si consigue las tres cosas, la sucesión de 2029 comenzará
mucho antes de lo que Morena quisiera admitir. Por eso el problema no es
solamente Higinio. El problema es el poder que puede acumular Higinio.
Un senador con una estructura territorial, alcaldías aliadas,
legisladores, operadores, recursos públicos administrados por gobiernos
municipales y una posición nacional de primer nivel puede convertirse en un
actor difícil de contener.
Y si Morena decide frenarlo, puede provocar una rebelión
interna. Si decide impulsarlo, puede estar creando a uno de sus principales
competidores por el poder estatal.
Higinio ha colocado la trampa sobre la mesa: si lo dejan
avanzar, se fortalece; si intentan detenerlo, puede convertirse en un factor de
conflicto dentro de la propia 4T.
Mientras tanto, el viejo cacique texcocano vuelve a levantar
la mano. No para despedirse. Sino para avisar que quiere otra vez el poder.
Y esta vez, no parece conformarse con una senaduría. Quiere el
Estado de México.

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