EN LOS REYES LA PAZ: LAS LLUVIAS DESNUDAN EL FRACASO DE LAS PROMESAS MILLONARIAS DE MARTHA GUERRERO
*Las inundaciones regresan a La Paz y dejan una pregunta
inevitable: ¿qué pasó con la millonaria inversión que prometía acabar con el
problema?
Por: EXPEDIENTE SECRETO
Durante la pasada temporada de lluvias, la alcaldesa aseguró
que se destinarían importantes recursos públicos para garantizar que los
habitantes de La Paz no volvieran a padecer las históricas inundaciones que año
tras año afectan viviendas, comercios y vialidades. Sin embargo, las recientes
precipitaciones demostraron exactamente lo contrario: el problema sigue intacto
y, para miles de familias, la situación parece no haber cambiado en absoluto.
Las colonias Valle de los Reyes y Valle de los Pinos volvieron
a convertirse en símbolos del abandono gubernamental. El agua ingresó a
viviendas, destruyó pertenencias y dejó pérdidas económicas que, como siempre,
terminan pagando los ciudadanos y no los funcionarios responsables de planear y
ejecutar las obras públicas.
La escena resulta particularmente grave porque no se trata de
un fenómeno inesperado. Las lluvias de temporada eran perfectamente
previsibles. Precisamente por eso se justificó la inversión anunciada por el
gobierno municipal. Si después de destinar recursos públicos las calles siguen
convertidas en ríos, las casas vuelven a inundarse y los vecinos continúan exigiendo
censos de daños, entonces la pregunta es inevitable: ¿dónde quedaron los
millones prometidos y cuáles fueron los resultados reales de esas obras?
La carretera Los Reyes-Texcoco registró encharcamientos de
hasta medio metro de profundidad, mientras que las inmediaciones de la estación
Santa Martha volvieron a convertirse en un cuello de botella para miles de
usuarios que diariamente viajan entre el Estado de México y la Ciudad de
México. Son exactamente los puntos críticos que las autoridades conocían desde
hace años y que supuestamente serían atendidos de manera definitiva.
Aunque el gobierno municipal desplegó brigadas de emergencia,
desazolve y atención a contingencias, la respuesta llegó cuando el daño ya
estaba hecho. La verdadera evaluación no debe centrarse en cuántas cuadrillas
salieron después de la inundación, sino en por qué las inundaciones volvieron a
ocurrir pese a las millonarias promesas realizadas previamente.
Los habitantes de La Paz no necesitan comunicados optimistas
ni fotografías de funcionarios recorriendo calles inundadas. Necesitan
resultados. Necesitan obras que funcionen. Necesitan gobiernos que rindan
cuentas sobre cada peso invertido. Porque cuando una administración promete
resolver un problema histórico y un año después el municipio vuelve a quedar
bajo el agua, lo que está en duda no es la intensidad de la lluvia, sino la
eficacia, la planeación y la honestidad del gobierno que aseguró tener la
solución.
Hoy las calles inundadas, las viviendas afectadas y la
desesperación de cientos de familias son el recordatorio más contundente de que
entre los anuncios oficiales y la realidad de los ciudadanos sigue existiendo
un enorme océano de distancia.

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